Jacinto de la ConchaJacinto de la Concha nació en Santo Domingo en 1819. Trinitario y febrerita. Fundada la Republica Dominicana se barajo entre los hombres de acción, pero del lado de quienes no olvidaban los sacrificios engendradores de la nacionalidad. Era miembro del ejército. Por los primeros meses del año 49 desempeño el cargo de Tribuno. Luego el Presidente Jiménez le confió el Ministerio de Hacienda. Participo en la defensa de la plaza, sitiada por Pedro Santana después de la victoria de Las Carreras; y caÃdo el gobierno, fue de los desterrados.
Tiempo después de reintegrarse a la patria se vio enredado en la conspiración revolucionaria que puso a Pelletier al borde de la tumba el año 1855. Logro asilarse oportunamente al irse al extranjero. Lo amparo la amnistÃa dada por el Presidente de Regla Mota el año 1 856; y al volver a pisar el suelo patrio, o acaso antes, ajustó su vida pública a una nueva trayectoria. Los contratiempos padecidos, mas la dolorosa impresión ocasionada por la muerte del hermano Tomas, con quien se fue cruel, influyeron en su decisión por el lado practico de las cosas. Se convencÃa de la inutilidad material de tanto sacrificarse por la expresión ideal de la patria soñada en el seno de La Trinitaria. Mientras se mal vivÃa, la realidad social se mostraba cada dÃa mas irónicamente cruel.
Trillando la nueva fase, ignoraba, como ocurrió con otros compañeros, la gloria que conferÃa, con su consiguiente responsabilidad, el haber sido esforzado luchador por el advenimiento de la Republica. Cuando la Revolución del año 57 era Comandante de Armas de BanÃ. Depuesto del mando, los insurrectos le llevaron preso a Santiago, pasada la revuelta, quedo a las órdenes del Gobierno. Abrazo la causa de la Anexión, y el cambio de régimen le fue grato. A la hora de surgir la protesta del pueblo, defendió con las armas el orden legal. Estuvo en la Fortaleza San LuÃs, de Santiago, al lado de Buceta, y asistió a la dolorosa y sangrante retirada del Ejercito Español a Puerto Plata, pero al abandonar el territorio los españoles, se adhirió a la República.
Tan pronto surge Báez, halla en el caudillo su centro de gravedad polÃtico. Tocóle ser Delegado del Gobierno en el Cibao, junto con Manuel RodrÃguez ObjÃo. Derrocado Báez, se hizo a un lado hasta que volvió el hombre el año 1 868. Seis años arriba, como se dice en polÃtica, disfrutando de todas las ventajas proporcionadas por el mando, y apoyando ciegamente, en calidad de miembro del Senado Consultor, todos los actos del Poder Ejecutivo, por antipatriótico que fuesen. Después del año 1878 no hubo mas posibilidades favorables al retorno de la banderÃa al poder, y cerrado para él ese capitulo de los beneficios del partidarÃsmo, saco afuera su antigua postura de prócer, y haciendo remune¬raciones en torno a ella, poniéndola en alto como titulo de gloria, paso los años finales de su existencia, muere en Santo Domingo en 1886.
Rufino MartÃnez. Diccionario Biogrófico Histórico Dominicano (1821-1930)


